Elige palabras cotidianas que tu audiencia ya conoce. Evita jerga técnica, siglas sin explicar y términos rebuscados.
El lenguaje claro comienza con el vocabulario. Cada vez que uses una palabra compleja, pregúntate: ¿existe una alternativa más sencilla? Sustituye "utilizar" por "usar", "solicitar" por "pedir", "efectuar" por "hacer". Cuando un término técnico sea inevitable, defínelo la primera vez que aparezca. Un lector no debería necesitar un diccionario para entender un documento oficial o una comunicación profesional.