La voz activa identifica claramente quién hace qué. La voz pasiva oculta al responsable y ralentiza la comprensión.
Comparemos: "El formulario debe ser completado por el ciudadano" (voz pasiva) vs. "Usted debe completar el formulario" (voz activa). La segunda versión es más directa, más corta y más clara. La voz activa sigue la estructura natural sujeto–verbo–objeto que el cerebro procesa con menos esfuerzo. Reserva la voz pasiva para los casos en que el agente de la acción sea desconocido o irrelevante. En el 90 % de los casos, la voz activa es la mejor opción.